El día de ayer fue el final de una historia que pensé sería simplemente un susto con un final felíz.
Para hacerle compañía a Perseo, acogí a otro gatito con inmuno al que nadie quería darle una oportunidad para poder salir de las calles.
Pero este gatito era diferente, muy joven, 1 año y medio, sin signos de la enfermedad, y con la curiosidad y tenacidad de un gatito de su edad.
Precioso como una pantera, completamente negro, un cuerpazo robusto y pelaje increíblemente brillante, pero solo dejaba ver sus ojos ambar, pues el miedo que tenía a los humanos lo superaba.
Me lo entregaron el viernes pasado, y el lunes en la madrugada se escapó. Vivo en un ático, y en total hay 10 áticos en mi edificio.
Al llegar del trabajo, desde ese lunes, hasta ayer jueves puse carteles para solicitar ayuda en su búsqueda, recorrí todos los áticos sin que los vecinos lo supieran unas 10 veces, me metí en los lugares más recónditos del edificio, donde están las antenas de tv, los respiraderos de los aires acondicionados, sótanos, andé a gatas por el borde del edificio, prefiriendo tomar el riesgo de caerme con tal de salvarlo a él, con la adrenalina a mil y el razonamiento casi a cero, persiguiéndolo para intentar que tan siquiera regresara a la terraza de mi piso.
Ayer jueves me dieron una jaula trampa para cazarlo (ya me había dado cuenta de que yo no podría hacerlo por mi cuenta).
Pero fue muy tarde. Media hora después de entregarme la jaula trampa, me llamó un vecino, que tiene 2 gatitas, y a quien le estoy muy agradecida por su interés en ayudarme, para decirme que el gatito se había caído del balcón y estaba muy grave. Él lo llevó a la clínica, que irónicamente, daba a la acera en la que cayó el gatito.
Yo estaba en el veterinario con Perseo, muy lejos de casa. Llamé a casa para pedir que fueran a la clínica, pero no se pudo hacer nada.
Hoy viernes amanecí con una fuerte migraña. No pude dormir casi nada, y por aguantarme las ganas de llorar ayer mientras iba en el metro, y al llegar a casa, lo único que conseguí fue eso, que se me acumulara todo por dentro.
No pude ni siquiera ir a trabajar, no soportaba la luz del sol, y mucho menos darme cuenta de que no había tenido simplemente un mal sueño.
Lo único que me tranquiliza un poquito, es que al menos no murió en las calles, atropellado por un coche, agonizando horas hasta dormirse, ni murió lentamente a causa de su enfermedad.
Me dijo la veterinaria que no sufrió.
Pero el sentimiento de culpa, ese vacío en el pecho que está rodeado de dolor y me impide respirar sigue ahí. Si tan solo hubiera buscado la jaula trampa desde el mismo día que se escapó, o si hubiera tenido mallas de protección en las terrazas para que no pudiera pasarse a donde los vecinos o caerse desde el balcón.... si hubiera sido más precavida.... si hubiera....
Desde aquí Onix, espero que estés al otro lado del arco iris y que me perdones por haber pecado de confianza.
Besitos
Para hacerle compañía a Perseo, acogí a otro gatito con inmuno al que nadie quería darle una oportunidad para poder salir de las calles.
Pero este gatito era diferente, muy joven, 1 año y medio, sin signos de la enfermedad, y con la curiosidad y tenacidad de un gatito de su edad.
Precioso como una pantera, completamente negro, un cuerpazo robusto y pelaje increíblemente brillante, pero solo dejaba ver sus ojos ambar, pues el miedo que tenía a los humanos lo superaba.
Me lo entregaron el viernes pasado, y el lunes en la madrugada se escapó. Vivo en un ático, y en total hay 10 áticos en mi edificio.
Al llegar del trabajo, desde ese lunes, hasta ayer jueves puse carteles para solicitar ayuda en su búsqueda, recorrí todos los áticos sin que los vecinos lo supieran unas 10 veces, me metí en los lugares más recónditos del edificio, donde están las antenas de tv, los respiraderos de los aires acondicionados, sótanos, andé a gatas por el borde del edificio, prefiriendo tomar el riesgo de caerme con tal de salvarlo a él, con la adrenalina a mil y el razonamiento casi a cero, persiguiéndolo para intentar que tan siquiera regresara a la terraza de mi piso.
Ayer jueves me dieron una jaula trampa para cazarlo (ya me había dado cuenta de que yo no podría hacerlo por mi cuenta).
Pero fue muy tarde. Media hora después de entregarme la jaula trampa, me llamó un vecino, que tiene 2 gatitas, y a quien le estoy muy agradecida por su interés en ayudarme, para decirme que el gatito se había caído del balcón y estaba muy grave. Él lo llevó a la clínica, que irónicamente, daba a la acera en la que cayó el gatito.
Yo estaba en el veterinario con Perseo, muy lejos de casa. Llamé a casa para pedir que fueran a la clínica, pero no se pudo hacer nada.
Hoy viernes amanecí con una fuerte migraña. No pude dormir casi nada, y por aguantarme las ganas de llorar ayer mientras iba en el metro, y al llegar a casa, lo único que conseguí fue eso, que se me acumulara todo por dentro.
No pude ni siquiera ir a trabajar, no soportaba la luz del sol, y mucho menos darme cuenta de que no había tenido simplemente un mal sueño.
Lo único que me tranquiliza un poquito, es que al menos no murió en las calles, atropellado por un coche, agonizando horas hasta dormirse, ni murió lentamente a causa de su enfermedad.
Me dijo la veterinaria que no sufrió.
Pero el sentimiento de culpa, ese vacío en el pecho que está rodeado de dolor y me impide respirar sigue ahí. Si tan solo hubiera buscado la jaula trampa desde el mismo día que se escapó, o si hubiera tenido mallas de protección en las terrazas para que no pudiera pasarse a donde los vecinos o caerse desde el balcón.... si hubiera sido más precavida.... si hubiera....
Desde aquí Onix, espero que estés al otro lado del arco iris y que me perdones por haber pecado de confianza.Besitos

Es una pena lo que cuentas.
ResponderSuprimirRecuerdo una vez que me preparaba para merendar antes de irme al gimnasio. De repente escuché como un grito agudo al que le siguieron otros.. miré por la ventana pero no veía nada auqnue imaginaba que era un animal, quizá uno al que hubieran atropellado... salí corriendo, salté la valla que daba a la calle y lo vi, en medio de la carretera, un perro que no tendría más de un unos cuandos días... estaba boca arriba agonizando, le habían atropellado y le habían dado un golpe.
Me acerqué y en cuanto me vio dejó de llorar, simplemente se quedó mirándome todo el tiempo. Pregunté a una vecina que estaba asomada y me dijo que los dueños eran unos irresponsables, que lo habían dejado por ahí y había cruzado la carretera y lo habían atropellado.
Me lo llevé a mi casa y llamé al albergue para que vinieran y se lo llevaran, a ver que podían ellos hacer.
Recuerdo que lo puse en una almohada y ahí estuvo, tranquilo, sin decir nada. Mis perros, que siempre son muy inquietos cuando viene un animal a casa, no hicieron nada, simplemente se acercaban a mirar pero sin hacer nada, supongo que los animales tienen un sexto sentido para estas cosas.
Lo tenía a mi lado e iba mirándolo de vez en cuando y en una de esas veces me di cuenta de que había muerto, me dio mucha pena. Aquella tarde ni fui al gimnasio ni nada, no tenía ganas.
Me pareció curioso que dejara de llorar en cuanto me vio, como si el hecho de verse acompañado en sus últimos momentos le infundiera algo de paz. Y se fue tranquilamente.
En fin, lo que le pasó a Onix pasó y ya nada se puede hacer, como dices, no estaba abandonado en la calle. Es normal que lo pasaras mal pero ahora hay que mirar por los que sí se puede hacer algo todavía.
En fin, ya no me enrrollo más.
Un saludo.
Gracias Israel.
ResponderSuprimirYa lo he superado un poco, en el sentido de que no me siento tan culpable, pero aún me pongo triste al pensar en él, pues era muy bonito y me hubiera gustado que tan siquiera hubiera aceptado una caricia antes de morir.
Pero como dices, ya nada se puede hacer, y ahora tengo mucha más precaución para que no ocurra nuevamente algo así.
Saludos :)